Canelones, Uruguay
Canelones, Uruguay

Desde fines de 2015 comenzamos a darle vida al sueño de conocer historias y paisajes con la bicicleta como medio y transporte.

 

Yo, Ornella, nací en Montevideo aquí y nunca me había mudado del barrio Paso de la Arena. Yo, Nacho, nací en Rocha y viví en varias ciudades del interior, hasta ir a la capital (como tantos) a estudiar y trabajar.

 

Nos conocimos en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República. Uno de los objetivos previos antes de comenzar este viaje fue licenciarnos y esto terminó de ocurrir en mayo de este año.

Un poco de nuestra filosofía

La vida que nos ofrece la ciudad en su aparente seguridad y previsibilidad no es la que nos regocija. Desde que nos conocimos compartimos el gusto de una salida al mar, de respirar profundo en una caminata o contemplar por un buen rato el cielo. Con el tiempo compartimos también, el gusto por la comida casera, las charlas extensas y por momentos delirantes, sobre nuestros muchos mundos, las estructuras que nos condicionan y las herramientas que tenemos para evitar los automatismos e intentar vivir de modos no hegemónicos.

 

En la ciudad conviven muchas formas de vida, costumbres e incluso culturas. Conviven muchas veces varias ciudades. Sin embargo, entre tanta diversidad concentrada, la tendencia es a quedarnos estáticos encerrados en nuestras casas, quietos y sin conocer (y apropiarnos) los entornos cercanos. El sedentarismo es la principal causa precipitante de enfermedades no transmisibles como la hipertensión, diabetes, colesterol, sobrepeso y hasta el tabaquismo.

 

Nos hemos acostumbrado a los vehículos propulsados por motor, a caminar poco y a que el sobrepeso sea normal, mientras que el modelo médico hegemónico ofrece soluciones sobre las consecuencias de las enfermedades, con fármacos que por lo general no inciden sobre las causas, sino que disminuyen los síntomas, pero muy pocas veces modifican las condiciones precipitantes de los síntomas.

   

La televisión juega un papel central a la hora de construir nuestras impresiones sobre otros países o incluso el barrio de al lado. Muchas veces construimos nuestras verdades basándonos en los recortes que los medios de comunicación realizan sobre las comunidades y culturas. Vivimos constantemente bombardeados sobre estereotipos y características de personas de determinados lugares, pero pocas veces tenemos la posibilidad de hacer nuestra propia valoración, de configurar nuestros pareceres, aprender y conectar con las similitudes que la mayoría de las veces compartimos con las personas.

 

En la ciudad, estudiamos y trabajamos para seguir estudiando y conseguir un mejor trabajo y seguir estudiando. Pocas veces nos damos la oportunidad de reflexionar sobre lo que venimos haciendo en nuestra juventud. Muchas veces reflexionamos cuando la juventud es pasado.

¿Por qué viajar?

Viajar permite vivir los días en modo ensueño, sin saber precisamente qué es lo que va a suceder. De hecho, eso debería ser la vida. Viajar pone en evidencia los prejuicios, la rigidez y la poca flexibilidad que muchas veces tenemos en la ciudad, al enfrentarnos a cosas y situaciones nuevas.

 

Nosotros deseamos vivir intensamente aventuras cotidianas como por ejemplo: encontrar cada día un sitio donde armar la carpa o pasar la noche, definir qué comer en función del presupuesto y las posibilidades que ofrezcan los lugares donde estemos, además de enfrentar juntos los desafíos personales, la convivencia en el camino y la adaptación al clima y sus inclemencias.

 

Lo viajero es de por sí subversivo. Desafía el orden preestablecido de la sociedad contemporánea, que nos reserva los viajes para escasos días en el año y con itinerarios pre configurados, sobre todo cuando estamos en una "edad productiva". 

Muchas veces somos fruto de la ideología del pájaro en mano y de que todo tiempo pasado fue mejor, nada más limitante y efector de dominio sutil que el hecho de anhelar seguridades olvidándonos de que seguimos siendo animales. Ante todo, seres vivos que intercambian energía y materia, sistemas hiper complejos si consideramos los componentes del lenguaje y los ordenadores simbólicos. Mantenemos, tan vivos como nuestra carne, la necesidad de contemplar la naturaleza, de aventurarnos en lo desconocido, de conectar con un todo universal con tendencia al equilibrio y no a la seguridad.